30.7.10

Ensalada de garbanzos y feta

Cada vez se asocia menos la palabra ensalada a la típica de lechuga y tomate. Cuando vamos a un restaurante nos gusta dejarnos sorprender con la numerosa variedad de estos entrantes, que cada día son más suculentos. Hoy he preparado una ensalada de garbanzos que espero os guste, es otra manera de comer legumbres.


Ingredientes:
200 gr de garbanzos (500 gr si son cocidos)
200 gr de pechuga pollo
5 hojas de hoja de roble
1 tomate
1 pepino
100 gr de queso feta
Aceitunas negras deshuesadas
50 ml de aceite de oliva
50 ml de vinagre balsámico
2 cucharadas soperas de vinagre de Jerez
1 cucharadita de orégano
1 cucharadita de romero seco
Dejar en remojo los garbanzos la noche anterior y cocer durante 15 min. en la olla express, escurrir y reservar.
Filetear las pechugas y hacerlas a la plancha, trocear y reservar.
En un bote pequeño, que cierre herméticamente, ponemos el aceite de oliva, el vinagre balsámico, el vinagre de Jerez, el orégano y el romero. Lo agitamos hasta conseguir una mezcla homogénea.
Mezclar con los garbanzos, escurriendo la vinagreta que sobre y dejar reposar en la nevera 2 horas como mínimo. Transcurrido este tiempo, incorporamos el resto de los ingredientes, salvo el feta. Los troceamos al gusto, a mi me gusta que tenga todo mas o menos le mismo tamaño. Finalmente desmenuzaremos el feta por encima de la ensalada
Podemos introducirla de nuevo en la nevera. Si es así, debemos sacarla con una antelación de media hora, porque si no la sensación será que los garbanzos están duros y no se apreciará bien el sabor de la vinagreta.

29.7.10

Flor de calabacín con miel

La primera vez que vi cocinar las flores de calabacín, fue en los primeros programas que llegaron de Jaime Oliver a Canal Cocina, luego descubrí que es un plato típico de Italia.
Durante estos años nunca he visto el momento de hacerlas ya que me parecían delicadas, tanto que pensaba que en el momento de llegar a casa con las flores estas se iban a marchitar y no me iba a dar tiempo ni a preparar el relleno.
Este año lo planifiqué con mi marido. Tenía todo comprado de antemano y acordamos el día que tenía que cortarlas de huerto para cocinarlas a la noche.

Nada más lejos de la realidad, han aguantado 8 horas perfectamente, primero en un jarrón con agua y luego una vez limpias, en un plato con film en la nevera, para no perder humedad.
Al rellenarlas empecé con mucho cuidado, pero a la tercera ya me di cuenta de que aunque delicadas son mas resistentes de lo que parecen, ya que están muy cerradas y el pétalo da mucho de si. Puede romperse pero luego se pega con el mismo relleno.
Cuando las cojais o las compreis, tener en cuenta que estarán más sabrosas si el tallo ya es un pequeño calabacín.
Ingredientes:
6 flores de calabacín
100 gr. de queso en crema
25 gr de parmesano rallado
1 cucharadita de nuez moscada
1 ralladura de 1 limón
Harina
Agua fría
Miel
Para el relleno de las flores mezclamos el queso en crema, con el parmesano, la ralladura de limón y la nuez moscada.
Dejamos reposar mientras lavamos un poco las flores no en esceso, ya que el agua para las flores no es nada bueno. Hay que comprobar que no tengan ningún bicho dentro.
Rellenamos las flores, abriéndolas con cuidado. La cantidad de relleno será en proporción al tamaño de la flor, en estas sería aproximadamente del tamaño de una nuez.
Una vez terminado, procedemos a realizar el rebozado, poniendo en un bol el agua fría con sal y añadiendo poco a poco el harina hasta conseguir una textura parecida a la de la nata. Ponemos a calentar el aceite y cuando este muy caliente metemos las flores previamente rebozadas. Vuelta y vuelta no necesitan más.

Las ponemos a escurrir el exceso de aceite en un plato, salpimentamos y emplatamos. Las echamos por encima un poco de miel, cuidado con echar mucha para que no camufle el resto de los sabores.



25.7.10

Pastelitos de dorada con salsa de yogur


Después de publicar la entrada de los guisantes y echando un vistazo a los correos que tenía atrasados tras las vacaciones, me encontré con una entrada de Trotamundos en Directo al paladar, en la que publicaba una receta con el nombre de "Pastelitos de dorada". Enseguida me recordó a una receta que hacia mi madre con atún. Sin embargo, nunca la había probado con verduras y menos aun se me había ocurrido usar dorada. Así que cuando leí los ingredientes, entre los que se encontraban los guisantes, me dije: "Esta hay que probarla, con dorada y todo". Al final acabé agregando unos cuantos ingredientes y acompañadolos con salsa de yogurt.


Ingredientes de la salsa

1 yogurt natural sin azúcar

2 cucharadas de mayonesa

2 cucharaditas de mostaza a la antigua

1 cucharadita de eneldo

200 ml. de nata para montar.

Se mezclan todos los ingredientes y se deje reposar por lo menos 24 horas en el frigorífico, para que se impregnen bien todos los aromas y sabores. Se puede hacer con nata de cocinar, pero el resultado será más líquido.


Ingredientes de los pastelitos

500 gr. de patata

150 gr. de guisantes

250 gr. de dorada

70 gr. de queso parmesano

3 cucharadas de leche

1 puñado de piñones

Pelamos las patatas, las lavamos y las cortamos trozos medianos. Las introducimos en una olla con agua y sal y las llevamos a ebullición. Cuando el agua empiece a cocer, añadimos los guisantes, y lo dejamos cocer unos 15 minutos. Una vez cocidas las patatas y los guisantes, los escurrimos, echamos agua fría por encima, para cortar el proceso de cocción y reservamos.

Limpiamos el pescado y lo ponemos en un plato, pincelándolo con un poco de aceite y una pizca de sal. Tapamos y al ponemos al microondas unos 3 minutos. Dejamos enfriar.

En un cuenco ponemos las patatas y los guisantes, lo machacamos hasta que quede una masa uniforme. Añadimos el pescado desmigado y seguimos mezclando. A continuación los piñones, el parmesano y la leche, volviendo a mezclar hasta que esté todo bien incorporado. Hacemos los pastelitos del tamaño y forma que queramos, los metemos en la nevera una media hora.

Una vez transcurrido este tiempo, los sacamos de la nevera y los pasamos por harina y huevo, en este orden, friéndolos a fuego medio.

Como lleva queso, si lo hacemos en tandas pequeñas el queso no estará frío, y se derretirá antes en la sartén, formando mucha espuma. Si lo metemos en la nevera evitaremos que esto ocurra.

Esta receta admite todo tipo de variaciones, y es una alternativa para las cenas de verano, ya que se pueden dejar hechos, para consumirlos después.

22.7.10

Guisantes frescos

Estaba yo pensando en la vacaciones tan estupendas que me esperaban, organizándome el tiempo para poder compaginar cocina, colada, niños, maletas... cuando aparece mi marido con una sonrisa de oreja a oreja y una bolsa enorme de guisantes en las manos. Toda mi organización al garete.



Por la mañana cuando me levanto, me preparo mi taza de té con mis tostadas calientes con aceite de oliva. ¿Os lo estáis imaginando verdad? Me siento, y lo primero que veo cuando levanto la cabeza.... la bolsa de guisantes. Sinceramente no sabía que hacer, si regalárselos a la vecina, si volverlos a mandar al huerto o...lo que finalmente hice, ponerme un segundo té y ponerme a desgranar unos maravillosos guisantes.
Pero ya sabemos como somos los cocinillas, una vez puestos en faena, ya estaba yo pensando lo bien que me hubieran venido para el rissotto de verduras y dando vueltas a las recetas que tenía por ahí abandonadas desde la última cosecha. Mientras buscaba me fui encontrando con información y anécdotas muy interesantes, por lo menos para mi, y he decidido compartirla con vosotros.
Los guisantes tan antiguos como las lentejas, a las que suele acompañar en los yacimientos prehistóricos, se han venido conociendo en su uso a lo largo de los años en distintas civilizaciones. Los testimonios más antiguos del cultivo del guisante, provienen de Birmania y Tailandia, sin embargo los primeros restos de guisantes se encontraron en las habitaciones lacustres suizas de la Edad de Bronce (3000 años a. C.).
Los griegos los cultivaban y comían. También eran muy apreciados por los romanos, el escritor romano Marcus Gavius Apicius escribió un libro con 15 recetas dedicadas a ello (De Re Coquinaria).
Hubo momentos en la historia en que los guisantes tomaron un papel protagonista en la mesa de algunos ilustres, tal es el caso del emperador romano Heliogábalo, famoso por sus suntuosos banquetes en los que se cuenta servían guisantes mezclados con granos de oro y lentejas con piedras preciosas. Más próximo en el tiempo, se cuenta, que el Duque de Soissons desgranó, varias vainas de guisantes dándolas a probar al Rey Luis XIV, este sorprendido por el tamaño y color de las bolitas mandó crear inmediatamente una receta para sus seres mas allegados, otorgándoles el nombre de "petit pois", para diferenciarlos del guisante seco y áspero que consumía el pueblo llano.



El guisante primaveral, fue la primera verdura enlatada y posteriormente la primera en ser congelada.
En cuanto a propiedades se puede decir de el que es muy acuoso cuando aún está fresco, muy rico en proteínas deficitarias de aminoácidos esenciales a los que hay que ayudar con cereales para aprovechar al máximo estas propiedades proteicas. Proporcionan bastantes minerales como fósforo, magnesio y hierro. Rico en vitamina B1 y ácido fólico, proporcionando al mismo tiempo dosis considerables de vitamina C.